Jurado
Posted on | February 28, 2013 | Comments Off
He escuchado a casi todos los ciudadanos de este país quejarse cuando les llega la carta para servir como jurado. A mí me llega muy seguido, y ésta última vez avancé un poco más en el proceso.
En primer lugar, debo admitir que me gustó mucho el discurso del juez, quien confesó que era un veterano, y que así como los militares sirven a este país, al resto de los ciudadanos nos toca servir como jurado una vez al año.
Su discurso me recordó a ciertos profesores de mi universidad. Por ejemplo, explicó que usan esa vestimenta negra a manera de escudo, para evitar que sus propios perjuicios influyan en su decisión e invitaba a los allí seleccionados a dejar nuestros prejuicios a un lado.
Recalcó -hasta el cansancio- que la persona allí sentada era inocente hasta que se comprobara lo contrario: tuviera o no tatuajes, se parara o no a ser testigo y dar su versión de los hechos, que quizás no lo haría por timidez, por problemas de habla, por sentirse intimidada ante los inteligentes abogados que iban a interrogarlo… que habían muchas razones por las cuales esa persona ‘presuntamente inocente’ no iba a dar su propio testimonio.
En muchos países latinoamericanos la premisa pareciera ser: ‘este es culpable hasta que se demuestre lo contario’. En Latinoamérica además de la inexistencia de un jurado, es potestad sólo de un juez (bueno, y a veces de quienes tienen el poder económico) de enviar o no a alguien a la cárcel.
Más allá del adiestramiento para ser jurado, me impresionó conocer ciertos detalles personales de los potenciales jurados.
Lo primero que se hace al llegar a la sala donde está el juez es jurar, así que había que decir la verdad a las preguntas que formulan, cuyas respuestas dan a los abogados una idea sobre los potenciales miembros del jurado.
El juez preguntaba sobre salarios, nombre de empresa en la que trabajaban, años de servicios, sobre la familia y a lo que se dedicaban. Teníamos que decir todo, hasta nuestro estatus marital.
Muchos admitieron tener experiencias o saber de familiares que habían consumido drogas.
Otros confesaron conocer a oficiales de la aplicación de la ley, y que por ello no se consideran un jurado imparcial.
Pero la excusa más repetida era el tema económico. Una persona tenía dos días trabajando, luego de haber estado años desempleada, y no le iban a pagar ese día y los otros que sirviera como jurado.
Otros comentaban que se tenían que trasladar de comunidades bastante distantes a la corte.
Pero el alegato que quizás más me impresionó fue el de una persona cuando admitió que no tenía las agallas de enviar a alguien a la cárcel, aunque las pruebas así lo sustentaran.
Al final… yo nunca de sido seleccionada para ser jurado.



